Madres y padres. Por favor, no infravaloren la educación emocional de sus hijos porque es algo tan importante y tan necesario en su desarrollo como pueden serlo los idiomas, las matemáticas, los deportes, la música y muchas otras más actividades extraescolares que seguramente practican sus hijos hoy en día.

Madres y padres. Por favor, dejen a sus hijos ser felices cuando tengan que ser felices. Déjenles llorar cuando les toque llorar. Y que se enfaden cuando tengan que enfadarse. Basta de sobreprotegerlos de todo. Basta de ser su sombra en todo. Basta de decidir siempre por ellos. Madres y padres, entiendan que no son sus amigos, son los amigos de sus hijos. Y no es su pasión, es la pasión de sus hijos. Por favor, basta de dar siempre el primer paso por ellos con el único propósito de evitarles sufrimientos o decepciones.

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Sí, son niños. Y nadie quiere ver a un niño llorar. A nadie le gusta que un niño sufra. A nadie le gusta sufrir. Pero, por favor, entiendan que sufrir es algo inherente al proceso de vivir. Llorar no es malo. No es patológico. No te convierte en ningún monstruo. Señores, llorar es totalmente natural. Llorar es terapéutico. Aunque no guste.

Madres y padres. Por favor, es fundamental que sus hijos desarrollen tolerancia a la frustración. Deben entender que va a haber cosas que van a conseguir a la primera, otras las conseguirán a la segunda, otras a la tercera, etc. Y otras, otras probablemente no las conseguirán nunca. Y no, eso no será ningún fracaso en la carrera profesional de sus hijos, al igual que tampoco lo será el que no se conviertan siempre en el número 1. Probablemente ocurra que a veces sí conseguirán ser el número 1 en aquello que se propongan, pero otras veces serán el número 2, o el número 3, o simplemente ocuparán el último puesto. Y no, evidentemente, eso tampoco será ningún fracaso para ellos. Madres y padres, lo único que les debe preocupar es que sus hijos se conviertan en la mejor versión de sí mismos, sin perder nunca su esencia. Por favor, enseñen a sus hijos que las cosas no llegan por arte de magia ni de inmediato, sino que requieren de esfuerzo, de sacrificio y de mucha paciencia; y a veces, ni con esas llegan.

Porque resulta que, madres y padres, luego ocurre que cuando sus hijos crecen y empiezan a vivir por si mismos sus primeras pequeñas frustraciones, no saben ni cómo gestionarlas ni cómo afrontarlas. Y entonces, madres y padres, sucede que esos problemas normales e inherentes a la vida cotidiana, y a los que se tienen que enfrentar sus hijos, y el resto de los mortales, tales como: desempleo, rupturas de pareja, procesos selectivos, etc., se patologizan, se medican y se cronifican en el tiempo.

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Madres y padres, por favor, no contribuyan a psiquiatrizar la vida cotidiana de sus hijos.

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